Sin ocultar nada
Señor, no puedo ocultarte nada
La adicción sexual es uno de los yugos más crueles, porque nos engaña sin misericordia, se nos acerca como una amiga pero roba nuestro tesoro y nos entrega en manos del enemigo por poco dinero. Nos esclaviza pensando que le necesitamos para sobrevivir, y nos hace sentir impotentes. Dentro de la Iglesia, muchas personas piensan que solo al llegar al Cielo escaparán de ella. Sin embargo, Hoy Dios puede liberarle. Lo que Él requiere es tiempo, confianza y cooperación. Empieza hoy orando con nosotros para confesar que no hay nada oculto ante Dios.
Padre, tu Palabra me promete que el que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia. Proverbios 28:13. Tu Palabra también dice que si decimos que no tenemos pecado nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. 1 Juan 1:8. Ayúdame Señor. Necesito tu verdad en mí.
Señor, te confieso todos los pecados que están involucrados en mi adicción, y te agradezco que tú eres siempre fiel y justo para perdonar todos mis pecados y limpiarme de toda maldad. 1 Juan 1:9
Oh Señor, tú me has examinado y conocido. Tu has conocido mi sentarme y mi levantarme. Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengya, y he aquí, oh Señor, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano. No tengo por qué sentir verguenza o miedo de que conozcas cada detalle íntimo de mi vida porque tu Palabra dice que tu conocimiento de mí es maravilloso. Gracias Padre. Salmos 139:1-6

Escribe un comentario